Al final solo te quedan recuerdos
(Extracto del poemario “Recuerdos”)
Almería
Las esquinas perfiladas
de la calle Zaragoza
donde un inmenso portal,
ya de viejo anochecido,
se abría en veinte peldaños
que llevaban a mi abuela,
a las luces y al piano,
los dos de madera negra.
Y los rojos apagados
del contorno del espejo
como fieltro envejecido.
Ella blanca en su piel blanca
y “Jesús” siempre en los labios
y una enorme biblioteca
y en su sillón, siempre, ella
con, siempre, su pelo cano,
rodeada de sus hijas,
las que nunca se casaron.
Felix
Después vinieron los charcos
y los burros y las bestias,
las campanas y los cántaros
y la fuente y el molino,
la almazara, los ribazos,
los olores y la siega
y los agostos secanos,
y las formas de las nubes.
Allí los primeros pasos,
la escuela de Don Manuel,
el queso, la leche en polvo
regalo de americanos.
Las carreras por la cuesta,
las heridas en las manos,
las moras y las ayozas,
las almendras, once hermanos
que comienzan a vivir
entre matas y lagartos.
En invierno fueron nieves,
frío, estufa, risas, llantos.
Las primaveras floridas.
En otoño los gusanos
en capullos amarillos
para dormir. El verano,
es el tiempo de la siega
y de cubrir el solano
con el sombrero de paja
y la siesta bajo el árbol.
y las eras con su trilla,
y la búsqueda de espárragos
trigueros para mi padre.
.............
Fueron pasando los años,
los otoños, los inviernos,
primaveras y veranos
fueron pasando testigos
cogiéndose de la mano
unos años a otros años.
.............
...El primer pantalón largo
herencia sin duda alguna
de alguno de mis hermanos.
Era vaquero, recuerdo,
de parches entrelazados
cosidos y recosidos,
diez mil veces remendados.
Los juegos allá en la plaza.
San Roque, ruido, petardos,
los músicos, procesiones.
Un burro carga unos fardos.
Y mientras los hombres lloran
lágrimas miles de esparto,
y las mujeres, de negro,
van a la fuente con cántaros
Mi padre
Adiós al traje de pana
y al primer pantalón largo
y a la fuente y a la plaza
y a los mulos con sus tábanos.
Solo me quedan recuerdos
de aquellos tiempos lejanos
destacando sobre todos
el hombre fuerte y humano
de mirada penetrante,
siempre tendiendo la mano,
siempre dispuesto a escuchar
lo que de risa y de llanto
tuviera cualquier persona
que se acercara a su lado:
Mi padre, Don Pedro Soria:
El mayor de mis hermanos.
(Extracto del poemario “Recuerdos”)
Almería
Las esquinas perfiladas
de la calle Zaragoza
donde un inmenso portal,
ya de viejo anochecido,
se abría en veinte peldaños
que llevaban a mi abuela,
a las luces y al piano,
los dos de madera negra.
Y los rojos apagados
del contorno del espejo
como fieltro envejecido.
Ella blanca en su piel blanca
y “Jesús” siempre en los labios
y una enorme biblioteca
y en su sillón, siempre, ella
con, siempre, su pelo cano,
rodeada de sus hijas,
las que nunca se casaron.
Felix
Después vinieron los charcos
y los burros y las bestias,
las campanas y los cántaros
y la fuente y el molino,
la almazara, los ribazos,
los olores y la siega
y los agostos secanos,
y las formas de las nubes.
Allí los primeros pasos,
la escuela de Don Manuel,
el queso, la leche en polvo
regalo de americanos.
Las carreras por la cuesta,
las heridas en las manos,
las moras y las ayozas,
las almendras, once hermanos
que comienzan a vivir
entre matas y lagartos.
En invierno fueron nieves,
frío, estufa, risas, llantos.
Las primaveras floridas.
En otoño los gusanos
en capullos amarillos
para dormir. El verano,
es el tiempo de la siega
y de cubrir el solano
con el sombrero de paja
y la siesta bajo el árbol.
y las eras con su trilla,
y la búsqueda de espárragos
trigueros para mi padre.
.............
Fueron pasando los años,
los otoños, los inviernos,
primaveras y veranos
fueron pasando testigos
cogiéndose de la mano
unos años a otros años.
.............
...El primer pantalón largo
herencia sin duda alguna
de alguno de mis hermanos.
Era vaquero, recuerdo,
de parches entrelazados
cosidos y recosidos,
diez mil veces remendados.
Los juegos allá en la plaza.
San Roque, ruido, petardos,
los músicos, procesiones.
Un burro carga unos fardos.
Y mientras los hombres lloran
lágrimas miles de esparto,
y las mujeres, de negro,
van a la fuente con cántaros
Mi padre
Adiós al traje de pana
y al primer pantalón largo
y a la fuente y a la plaza
y a los mulos con sus tábanos.
Solo me quedan recuerdos
de aquellos tiempos lejanos
destacando sobre todos
el hombre fuerte y humano
de mirada penetrante,
siempre tendiendo la mano,
siempre dispuesto a escuchar
lo que de risa y de llanto
tuviera cualquier persona
que se acercara a su lado:
Mi padre, Don Pedro Soria:
El mayor de mis hermanos.
